Trabajadores, Pobladores y Estudiantes en sacrificio: Contaminación en Quintero-Puchuncaví

¿Por qué existen zonas de sacrificio en Chile?

Las últimas semanas hemos sido testigos de las manifestaciones protagonizadas por pobladores, trabajadores y estudiantes en la zona de Quintero-Puchuncaví, quienes exigen medidas definitivas para los graves problemas de contaminación que viven y que han sido invisibilizados por más de 50 años.

En los años 20 la bahía de Quintero se definía como una zona para trabajar la pesca artesanal y la agricultura. En los años siguiente se fue transformando en parque industrial, con la instalación de una termoeléctrica  en el 58’ y la fundición Ventanas de Enami el 64’.

Durante el 68’ comienzan las primeras denuncias de agricultores y profesores por daños a los cultivos, animales y contaminación del ambiente. Pese a esto, recién en los 80 se realizaron estudios de contaminación de agua, suelo y la salud de los trabajadores de la refinería y fundición. Luego de mantener a la población en un ambiente tóxico por más de 30 años, se reconoce el ALTO nivel de contaminación, creándose un plan de descontaminación del complejo industrial Ventanas. En el año 1993 se promulga el decreto supremo 364/93 el cual define a Puchuncaví y Quintero como zona saturada de contaminación por anhídrido sulfuroso y material particulado.

Existen en la actualidad 15 empresas de energía, químicos y combustible en la zona, las cuales han causado diversas intoxicaciones masivas, incluido a personas menores de edad de las cercanías. Los pobladores se han organizado y exigido cambios en la normativa, mayor fiscalización, mejoras en el uso de las tecnologías y cierre de las empresas más contaminantes pero hasta hoy no han sido escuchados.

Las zonas de sacrificio existen como consecuencia del abandono del Estado hacia los sectores más pobres del país con el fin de mantener las utilidades de las empresas privadas y la economía de unos pocos, acentuando las desigualdades sociales y el constante deterioro de la vida y salud de los chilenos.

“…ninguna medida soluciona la mala calidad de vida que tenemos. Las empresas se ríen de nosotros y nuestros niños sufren las peores consecuencias”

¿Qué ha hecho y qué puede hacer el Estado?

La historia nos muestra que el Estado ha permitido a la industria eludir las consecuencias del daño medioambiental producidas por sus operaciones. A principio de los 90’s el Ministerio de Minería promulgó el  Decreto supremo Nº 185/91 el cual obligaba a las empresas a instalar una red de monitoreo permanente. Sin embargo, la gestión de este monitoreo quedaba a cargo de la empresa misma, sin existir un ente fiscalizador externo que pudiera denunciar el daño provocado.

En los años posteriores la institucionalidad y su legalidad ha fallado en contener el daño y a su vez ha permitido nuevas actividades contaminantes. En paralelo, el Plan Regulador de la zona ha sufrido modificaciones por parte de los gobiernos municipales de turno que han entregado mayor terreno a este tipo de empresas, incrementando así el parque industrial. En la práctica, las instituciones ponen esta herramienta al servicio del poder económico, sin considerar la calidad de vida de quienes habitan la comuna.

Un ejemplo de cómo el Estado legisla a medida de las empresas lo encontramos en 2011 cuando los propios pobladores levantan la alerta por la presencia de metales pesados en la escuela La Greda; la respuesta del Estado: relocalizar la escuela, sin responsabilizar  a las industrias responsables de la contaminación. El poco compromiso del Estado con el pueblo se manifiesta en su lentitud, la cual se concreta 2 años después de la crisis. En 2015 la escuela La Greda vuelve a ser clausurada debido a un episodio de intoxicación.

Se aprecia que el accionar del Estado apunta a silenciar y esconder los problemas generados por la actividad industrial.

Ante el modelo capitalista de acumulación y un Estado que trabaja a favor de la empresa, se hace difícil imaginar algún mecanismo de participación ciudadana que permita acabar con este modelo y construir un sector industrial justo para los pobladores y su entorno; tratados y protocolos como el Acuerdo de Escazú no serían suficientes, es necesario ir más allá.

Contaminación, explotación y apropiación en el capitalismo ¿Hasta qué punto es posible aguantar?

Si observamos nuestra historia como especie y como sociedades, notaremos que mujeres y hombres producen las condiciones necesarias para su supervivencia mediante el uso de recursos naturales desde tiempos inmemoriales. Independiente del momento y el lugar, nuestras sociedades dependen del cuidado de dichos recursos para crecer y desarrollarnos. En la época del capitalismo neoliberal, es frecuente ver a gobernantes y empresarios enriquecerse mediante el saqueo de recursos que están al servicio de la economía sin realmente importar las consecuencias que la población sufre.

¿Cómo es que llegamos a vivir en condiciones tan críticas? ¿No se supone que la tecnología debiese ser un aporte al medio ambiente? Si entendemos el medio ambiente como un sistema complejo y dinámico de interrelaciones ecológicas, socioeconómicas y culturales, que evoluciona a través del proceso histórico de la sociedad, comprenderemos que hoy vivimos tiempos de crisis ecológica. Pero esta crisis no aparece súbitamente y por sorpresa como en las películas de Hollywood, se viene gestando y profundizando hace décadas.

En primer lugar los procesos industriales y la tecnología han multiplicado las dimensiones de cualquier proceso extractivo y/o productivo a escalas previamente inimaginables. En segundo lugar, el comercio internacional se ha ordenado de tal manera que existen países proveedores de recursos, países manufacturadores y países con mayor consumo de dichos productos. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Se manifiesta de igual forma la crisis ecológica en el mundo? No, la crisis ecológica es inseparable de la crisis social.

Nuestros recursos materiales, científicos y técnicos son cada vez más abundantes para hacer frente a la crisis ecológica y social con sus múltiples manifestaciones. No es casual que el mismo tifón en Japón deje un saldo de 2 muertos y en Filipinas más de 200. No es casualidad tampoco que los desastres ecológicos en Europa sean menos, y con un impacto mucho menor, comparado a lo que ocurre comúnmente en el resto de los continentes.

Sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la destrucción del medio ambiente. Nacieron de las de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. La economía de mercado es la que genera la carrera del crecimiento a costa de la depredación de la naturaleza. Sin esta carrera, el capitalismo no puede funcionar, por lo que la única solución está en romper con este sistema.

“Todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología…el intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente” – Fidel Castro

¿Y los profesionales qué? ¿Cómplices, observadores o luchadores?

Frente a los continuos hechos de intoxicación por contaminación ambiental, a la justificación general de la existencia de “zonas de sacrificio”, a leyes insuficientes y redactadas a la medida de las empresas, y frente a un Estado que, secuestrado por los grupos empresariales, no cumple su función principal como asegurador de una vida digna para todas y todos, como organización ConVocación nos preguntamos ¿Cuál ha sido el rol de los profesionales en este conflicto? y junto a esto ¿cual es el rol del profesional convocación?.

Hemos sido testigos de la acción descarada de alcaldes, intendentes, ministros y diversos operadores políticos, justificando la existencia de estas zona saturadas de contaminación, culpando a industrias estatales de manera anticipada, y protegiendo industrias privadas con evidentes conflictos de interés. Así también, se han hecho presentes profesionales individualistas que, motivados netamente por su interés personal, ponen su conocimiento al servicio de la institución de turno, avalando investigaciones y evaluaciones ambientales sesgadas. Por otro lado, es posible encontrar profesionales que, comprometidos con realizar bien su trabajo, lideran estudios serios y denuncian los altos niveles de contaminación presentes en estas zonas. Sin embargo, la información que se genera a raíz de estos estudios, por sí sola, no va a motivar los cambios fundamentales que se necesitan.

Si bien es importante, como profesionales, realizar investigaciones objetivas y libres de influencias corporativas, también debemos visibilizar el problema y poner a disposición de todas y todos la información obtenida de una manera clara y entendible, que se transforme en una herramienta que fortalezca la lucha y la conciencia. Junto a esto, es fundamental cuestionar el modelo socio-económico imperante que, basado en la extracción desmesurada y acumulación de capital, precisa de estas “zonas de sacrificio” y del consecuente sacrificio de pobladoras y pobladores. Para esto es necesario proponer caminos de desarrollo sostenible, fuera del capitalismo y neoliberalismo. Además, debemos fomentar la organización y lucha de las comunidades afectadas, siendo esta la única vía para cambiar las bases del modelo actual.

Necesitamos que lo técnico se transforme en información y conocimiento, siendo así una herramienta al servicio de la organización y poder popular. Como profesionales, como trabajadores: somos responsables, de cambiar todo lo que deba ser cambiado, de organizarnos, luchar y construir el proyecto de Vida Digna de la clase trabajadora.