Desastres socionaturales en Chile. ¿Qué rol tenemos los profesionales?

Cada vez que suceden eventos de este tipo nos preguntamos ¿quiénes son los responsables?, ¿Qué se pudo hacer para prevenir este desastre?, ¿Por qué con todos los conocimientos y experiencias vividas se siguen repitiendo los mismos errores? Si bien las catástrofes de este tipo dañan territorios completos, los más afectados son los mismos de siempre: la población que vive marginada y en condiciones precarias. Es aquí donde los profesionales tenemos un rol y un desafío: que nuestros conocimientos y trabajo desarrollen un país más igualitario y digno, preparado en todas sus dimensiones para enfrentar estos eventos.

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Chañaral a un año del aluvión, Fotografía Equipo ConVocación, oct. 2016

Desastres en Chile

Sabemos que Chile está en presencia de una gran cantidad de amenazas naturales que a menudo, cambian totalmente la forma de vivir a miles de personas. Las amenazas de terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, incendios forestales y aluviones, sumados a la actividad de los seres humanos, como la extracción desregulada de recursos naturales, o la falta de planificación en la construcción y expansión de los sectores urbanos, desencadenaron hechos que, de haber estado preparados, no habrían provocado tanto daño.

El último desastre fue el gran incendio en la zona centro-sur del país, afectando miles de hectáreas de terreno cultivable, viviendas y poblados completos. Produjo, según el Sistema de Naciones Unidas en Chile y la ONEMI, más de 3000 personas damnificadas, con más de 1000 casas destruidas y 11 personas fallecidas al 31 de enero de 2017.

El riesgo y el desastre: más que naturaleza

Para comprender los últimos desastres ocurridos en Chile, debemos entender cuáles son las causas e interacciones que provocan tal fenómeno de carácter social y natural. Se cree que los desastres son de origen y efectos incontrolables, y aunque es imposible controlar su dinámica natural, sí podemos ejercer un papel en la preparación ante estos eventos.  

Los desastres son procesos causados por la expresión de amenazas de origen natural (p.ej. una erupción volcánica), producto de la actividad humana (p.ej. contaminación por desechos químicos ), y también socionaturales (p.ej. inundaciones). Este evento inicial (amenaza), interactúa con las condiciones de una población causando graves consecuencias: pérdidas de vida, problemas de salud, destrucción de bienes: viviendas, instituciones, calles, etc., y daños  en el ambiente.

Habitamos un territorio con peligros latentes, pero los desastres son la materialización de condiciones de riesgo y la desigualdad generada por las sociedades.  La posibilidad de que una amenaza se transforme en desastre está directamente relacionado con las condiciones en las que vive la población y las que tiene para enfrentar el evento. Sabemos que los desastres no afectan todos del mismo modo, por el contrario cada evento viene a reafirmar las desigualdades existentes. El más afectado es el pueblo trabajador que vive en condiciones precarias y expuesto a mayores riesgos, y que de un momento a otro puede ver transformada radicalmente su vida.  Estas condiciones previas, que permitirían resistir, enfrentar o recuperarse ante los eventos, se han ‘denominado’ vulnerabilidades; entre las cuales están: localización en zonas de riesgo, deficiencias físicas, ausencia de planes preventivos y preparación de la comunidad, problemas de cohesión de la comunidad, falta de infraestructura técnica para zonas de riesgo, contaminación, burocracia y negligencia institucional que impide coordinación y respuesta adecuadas ante los eventos. (Wilches-Chaux, 2001: 25).

En Chile, la desigualdad existente divide a la población entre quienes tienen condiciones favorables para vivir y enfrentar un evento, y los que están expuestos al desastre, ya sea, por su localización, las características de su casa, la contaminación del ambiente o no contar con las herramientas adecuadas de preparación ante eventos de esta magnitud.

Todas  estas condiciones son parte de un desastre estructural: la desigualdad de este modelo social que distribuye sus riquezas y beneficios en una minoría a costa del colapso de las ciudades, un daño ecológico y medioambiental, en fin… un desastres en todos sus términos para el territorio y quienes lo habitan. Las amenazas vienen a amplificar la brutal realidad de este desastre estructural.

Caminos para el trabajo profesional

Las amenazas no causarían tanto daño si pudiéramos: entender y conocer cómo funciona la naturaleza, construir nuestro hábitat acorde a ese conocimiento, y asumir acciones preventivas y de mitigación.  Para este trabajo, es fundamental comprender las condiciones estructurales que generan estos desastres, nuestra tarea no es disminuir las “vulnerabilidades” previas, más bien, enfrentar este desastre estructural en todas las dimensiones. Los profesionales tenemos un rol en este contexto, en la preparación, durante el desastres y en los procesos de reconstrucción.

¿Cómo funciona la naturaleza?

Hoy, los profesionales encargados de explicar los diferentes fenómenos ocurridos en nuestro país, tienen mucho que decir sobre la prevención de desastres, dentro de ello, en cuanto a la planificación de las ciudades, vías de transporte, industrias, etc. Es cierto que muchos de los fenómenos son impredecibles y poco controlables, pero los geólogos, geógrafos, ingenieros en medio ambiente, entre otros, generan información científica que, de ser utilizada en pos de las personas, podría reducir considerablemente el riesgo de desastre socionatural.

Por el contrario, hoy los esfuerzos en la investigación de nuestro territorio se hacen mediante proyectos aislados o institucionales insuficientes, y en general sirven como guía para la industria privada. Los más beneficiados por el trabajo de aquellos profesionales, son los empresarios que saben dónde ubicar perfectamente sus negocios, para aprovechar de mejor manera los recursos naturales.

¿Dónde construir?¿Cuáles son las zonas peligrosas?¿Cuáles son los principales peligros? Son preguntas que se deben tener en cuenta al momento de establecer un asentamiento humano. Con profesionales que pongan su conocimiento de nuestro territorio al servicio de las condiciones de vida de las personas y,  una comunicación efectiva entre las instituciones que estudian nuestra tierra y aquellos encargados de planificar y construir, podríamos evitar costos enormes para la vida de las personas.

¿Cómo y dónde vivimos?

El aumento de la población y la excesiva centralización de nuestro país ha producido una expansión descontrolada de las ciudades. Pero, ¿quién está regulando cómo se expande y hacia dónde? Tenemos un ejemplo claro en Valparaíso y sus quebradas. Además, vemos cómo las empresas inmobiliarias y constructoras se dedican a emplazar centros urbanos en sitios peligrosos, sin regulación, ni estudios pertinentes, sólo con el objetivo de aumentar sus arcas. Un ejemplo es el emplazamiento de viviendas en las cercanías de la costa, sin ningún tipo de resguardo ni medidas de mitigación a un posible maremoto. Y al ocurrir un desastre socionatural, se utiliza como oportunidad de negocio, de parte de empresas constructoras, agrícolas, madereras, etc. Descuidando totalmente la seguridad y dignidad de las personas.

El rol que tienen los profesionales arquitectos, constructores civiles, ingenieros, entre otros,  es disputar con el conocimiento y la técnica, la desregulación en el área de la vivienda y la construcción, generando planes y normativas que se contrapongan con el libre albedrío con el que cuentan la empresa privada en la planificación y construcción de los centros urbanos y en la reconstrucción post desastres, quitándole la oportunidad de negocio en momentos tan difíciles para las personas. Dándole al estado, la responsabilidad y la tarea de hacerse cargo de cómo vive hoy nuestro pueblo.

¿Es posible estar mejor preparados?

Prepararnos ante las amenazas, como mencionamos más arriba requiere de varias consideraciones. Primeramente conocer la naturaleza, sus amenazas, las zonas peligrosas para habitar, etc., y desarrollar una planificación y normativas que promuevan el asentamiento responsable en el territorio, donde la integridad y dignidad de todas las personas sea prioridad. También se necesita terminar la desregulación del negocio de explotación de los recursos naturales o de las empresas inmobiliarias, quiénes generan daños irreparables al ambiente y sostienen desigualdades existentes. Finalmente, entendiendo las condiciones de Chile, las amenazas a las que está expuesto nuestro territorio es fundamental desarrollar planes de prevención y actuación frente a los desastres.

En la preparación ante desastres los profesionales también tenemos un rol, la posibilidad de enfrentar una situación de esta magnitud implica una preparación humana fundamental. Son pilares para enfrentar esto, conocer la naturaleza y generar condiciones de habitabilidad que resistan estos fenómenos poniendo todo el desarrollo tecnológico al servicio de la sociedad. Pero también, se requiere desarrollar las mejores estrategias de evacuación ante eventos, de funcionamiento es situaciones de desastres, considerando el desarrollo de capacidades  de organización y respuesta en las comunidades.

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Pelluhue, luego del tsunami 2010 | www.bbc.com

El conocimiento y trabajo de los profesionales en conjunto con la población, serán el factor fundamental que permitirá enfrentar con dignidad y menor costo posible para nuestro país las amenazas, y así reducir los daños provocados por los desastres.

Fuentes

  • Imilian, W., González, L. (2016). Attempts at Neoliberal Urban Planning in Postearthquake Chile
  • Pino, A., Ojeda, L. (2013). Ciudad y hábitat informal: Las tomas de terreno y la autoconstrucción en las quebradas de Valparaíso
  • Simioni, D. (2003). Ciudad y desastres naturales: planificación y vulnerabilidad urbana
  • Wilchez-Chauz, G. (1993). Los desastres no son naturales
  • SNU (2017). Chile: Incendios forestales – enero 2017.