De los problemas del mercado de la energía a una solución energética popular

Desde el descubrimiento del fuego, pasando por el uso de la tracción animal en la agricultura, por la navegación a vela, o por la Revolución Industrial, el ser humano ha sustentado el establecimiento y desarrollo de sus sociedades en la capacidad de controlar las diversas formas de energía. Así, en los últimos siglos, la energía eléctrica, obtenida como el resultado de un largo proceso de transformación de distintas fuentes de energía, se ha posicionado como un elemento fundamental para nuestra vida.

En Chile, el desarrollo del sector eléctrico ha pasado por diferentes procesos a través de su historia. Naciendo como un sistema privado a fines del siglo XIX, a poco andar, el Estado comenzó a asumir el rol de dotar a la población de la infraestructura necesaria para acceder a la electricidad. Así, a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) y el plan de industrialización nacional, surge la Empresa Nacional de Electricidad S.A. (ENDESA), cumpliendo un papel fundamental en el proceso de electrificación nacional. En la década de 1980, durante la dictadura militar, se produce un vuelco hacia la privatización de las empresas estatales, lo que supone un cambio en el paradigma de operación del sistema eléctrico. En la década de 1990, comienzan a hacerse patentes una serie de problemáticas derivadas de los cambios tecnológicos, del modelo de mercado, de la incertidumbre normativa y también del desabastecimiento. La existencia de estos problemas impulsa una actualización legislativa llevada a cabo en los primeros años del siglo XXI con miras a dotar al país de un sistema más seguro y a atraer la inversión de privados. En el año 2017 se promulga la nueva Ley  de Transmisión que une los dos grandes sistemas eléctricos existentes en el país, conformándose el Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

En pleno siglo XXI, podemos ver que esta evolución del sistema eléctrico, conformado por actores privados regulados por insitituciones estatales, trajo consigo una serie de problemáticas que aún no han sido subsanadas en torno a los procesos de Generación, Transmisión y Distribución de la energía eléctrica:

1)   Destrucción del patrimonio local: La construcción de centrales generadoras y líneas de transmisión supone la instalación de enormes infraestructuras, muchas veces en territorios de gran importancia para las comunidades, privilegiando los intereses privados por sobre el respeto a las culturas locales.

2)  Problemas de salud: El establecimiento de centrales termoeléctricas y torres de alta tensión cercanas a asentamientos humanos expone a sus habitantes a un sinnúmero de enfermedades crónicas producto de los desechos resultantes de la generación eléctrica y la presencia de campos electromagnéticos.

3)   Altos precios de la energía eléctrica: Según la International Energy Agency/OECD, ya en el año 2011, Chile era el país de América Latina con los precios más altos en electricidad. Hoy en día,una familia con un ingreso total de $254.000, tiene un gasto en electricidad  de cerca del 10% del ingreso total familiar, en comparación a una familia con ingresos de $1.263.000 donde el gasto es sólo del 5%. Las últimas modificaciones regulatorias apuntan a lograr cambios tangibles en las tarifas a partir del final de esta década, no obstante, hoy en día, es un hecho que las familias más pobres no logran satisfacer necesidades básicas como tener una temperatura adecuada en sus hogares durante el invierno, debiendo recurrir a combustibles mucho más contaminantes que la electricidad.

4)   Familias sin acceso o con acceso informal a la energía eléctrica: Hoy en Chile existen cerca de 34.000 personas sin acceso a la electricidad y 68.000 personas que tienen un acceso informal a la red.

5)   Desarrollo poco sustentable: Desde el punto de vista técnico, debido a la naturaleza de los consumos del país (convivencia de los consumos domiciliarios con los grandes consumos industriales), el retiro inmediato de las fuentes de energía contaminantes (carbón y otras), resulta poco viable. Por otro lado, el impulso a la inserción de ERNC no ha sido lo suficientemente potente. Si bien los niveles de penetración de estas fuentes de energía hoy en día son comparables a los de los países de la OCDE, aún resulta necesario el desarrollo de mercados paralelos (Servicios Complementarios) y el incentivo a la inversión en estas formas de generación para poder contar con una matriz energética más limpia en el mediano plazo.

6)  Contaminación ambiental y surgimiento de zonas de sacrificio: Si bien algunas son más amigables con el ambiente que otras, todas las formas de producción de energía eléctrica suponen una alteración del medio donde son emplazadas. Esta alteración va desde la ocupación territorial, hasta la creación de microclimas y la producción de grandes cantidades de desechos contaminantes. En adición a esto, algunos lugares del país se han convertido en verdaderas zonas de sacrificio por la aglomeración de centrales contaminantes.

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Considerando la importancia de la energía eléctrica en el desarrollo de la vida en sociedad, el acceso a ella no debería depender de un mercado, de la capacidad de pago de los usuarios, de la inexistencia de infraestructura o de la ubicación de las viviendas de las familias, por lo que se requiere de un cambio mayor en el paradigma de funcionamiento del sistema eléctrico. Es necesario seguir avanzando hacia un Plan de Desarrollo Nacional de la Energía, otorgando al Estado mayores herramientas que le permitan abordar los desafíos de generación, transmisión y distribución desde la planificación estratégica, e involucrando a todo el pueblo en la comprensión del sistema y en las decisiones sobre el mismo, las cuales impactan directamente en el desarrollo económico, social y político del país.

Si bien en el largo plazo debemos trabajar con miras a lograr estas transformaciones sustanciales, no podemos olvidarnos de los problemas de hoy, poniendo nuestro conocimiento y trabajo al servicio de ambas tareas.